¿Cuándo va ser la primavera?”, se escucha en la voz de un niño al promediar el nuevo y sexto disco de Eruca Sativa publicado por estos días. Esa pregunta, tan simple y tan existencial a la vez, es una de las claves para entender este álbum absolutamente de quiebre en la carrera de la banda formada en Córdoba pero ya establecida hace varios años en Buenos Aires.

Es que desde la salida de Barro y fauna (2016), todo cambió para Lula Bertoldi, Brenda Martin y Gabriel Pedernera. No sólo que las dos integrantes mujeres fueron atravesadas por la maternidad (de hecho ese niño que habla es Julián, el hijo de Lula de cuatro años; Brenda tuvo a Emilia casi en simultáneo y además Gabriel será papá en pocas semanas), sino que también la banda se sacudió con todas las transformaciones que se sucedieron a partir de la mayor visibilidad del feminismo, la ola de denuncias que sacudió al rock argentino y también puso en crisis un paradigma y la coyuntura político-social del país en la que también tomaron posición.

Todo esos elementos que marcaron fuertemente estos últimos años se vieron reflejados en el proceso de Seremos primavera, un disco en el que Eruca se corre de ese lugar de power trío que se había convertido en una marca registrada y se desnuda artísticamente. “En cada disco tuvimos la necesidad de cambiar y en este más radicalmente. Pasaron muchas cosas de tres años para acá a nivel humano, mundial, conceptual. Era imposible que la música no reflejara todo eso que estábamos atravesando. Necesitábamos ser completamente honestos con la música que estaba saliendo de nosotres”, introduce Bertoldi, así con lenguaje inclusivo y todo, como queriendo marcar la cancha desde el arranque nomás. 

Aunque aclara que la influencia de la maternidad tal vez no fue consciente, asume que está muy presente. “Nuestros hijes empezaron a ser personas que se expresan, que dicen cosas. En Barro y fauna eran unos bebés, ahora ya nos transformaron. Creo que lo más fuerte es todo lo que vivimos socialmente como parte de este gran movimiento que es el feminismo del que nos sentimos parte les tres y que no es otra cosa que la búsqueda de la libertad, la igualdad. Nos atraviesa completamente. Eso hace que nuestra mirada y abordaje sea distinto, más profundo. Te cambia la mirada y la forma de comunicarlo también. No es porque antes no lo hayamos tenido, lo que pasa es que ahora necesitamos vivirlo desde otro lugar. Por suerte les tres estamos atravesando este proceso juntes, no es que cada une está en la suya. Nos fortalece mucho.

-¿Recordás el momento puntual en qué hiciste el clic con respecto a la lucha feminista y todas las aristas que conlleva?
-Con el feminismo pude englobar todo. Venía transitando la vida con un montón de ideas y pensamientos, cosas que veía que no estaban bien, que no son justas. En ese desear un futuro en el que seamos más inclusivos y podamos entender con libertad la vida de los demás entró el feminismo a ponerle nombre a todo eso. Esa ficha me termina de caer fuerte cuando Barbi Recanati, muy cercana a mí, tuvo que atravesar por ese momento de las denuncias de acoso sexual contra el guitarrista de su exbanda, Utopians. Su decisión fue disolver la banda y yo me puse a su disposición aunque no éramos íntimas amigas como ahora. Le dije que si necesitaba una guitarrista o alguien para cuidar a su hijo recién nacido, ahí iba a estar. Esa situación de ponerse a la par de una colega mujer que estaba pasando por un momento muy difícil y necesitaba ayuda, me hizo vislumbrar un montón de cosas que no sabía cómo llamar y meterme de lleno en un movimiento hermoso que me abrió la cabeza por completo. Ese fue el desencadenante. 

-“Creo” es tal vez el tema donde más refleja todo este movimiento. Y no es casual que sea el corte de difusión.
-Nada casual en este disco. También tiene un tono folklórico, muy arraigado, muy sentido. Tiene que ver con decir como estamos ahora y lo queríamos decir ya. Es una suerte de himno, de grito. No solamente con respecto al feminismo, sino a este momento social tan difícil que estamos viviendo. Económicamente, coyunturalmente. Realmente necesitamos salir de esta y no dejándonos pisotear por nadie que nos diga que las cosas son así. Y la verdad es que no, las podemos cambiar. El poder está la gente y siempre está bueno recordarlo.

-Hay algo que me llamó la atención de esa canción es que en las últimas estrofas cantan primero unidos y luego unidas. Pero allí no usan el inclusivo. ¿Por qué?
-Sí, fue motivo de un debate muy largo. De hecho después decidimos en los shows empezar a cantarlo con la ‘e’. Para nosotros el lenguaje inclusivo es muy importante y lo usamos cotidianamente. Pero lo cierto es no sabíamos si se iba a entender o como les iba a llegar en el resto de Latinoamérica donde también tenemos un público. Era ponerlo en un contexto muy local. Y la realidad es que estamos en una etapa en la que queremos expandir nuestro mensaje. Y es una canción que intenta reflejar las luchas de toda la región. La verdad es que todo es tan dinámico en estos tiempos, ¿no? También cuando la hacemos en vivo cambiamos la letra de Tarará, una canción de Barro y fauna que tiene sólo tres años.  

-Hay otros guiños a Latinoamérica en el disco como por ejemplo el tema Sorojchi, como se le llama en Bolivia y Perú al mal de altura. Además, es el tema que corta el clima más introspectivo del disco. Ahí vuelven a sonar más power trío.
-Esa canción de hecho la compusimos en Bolivia, salió así de una. Se ve que estábamos inspirades ese día, ja. Hay que gente que sufre el mal de altura por la geografía y otras por estar en situaciones de poder o de privilegio que no puede ver lo que hay abajo, más allá de sus narices. Ese es el mensaje. Con respecto al sonido, es como decís. De hecho, estuvo muy cerca de quedar afuera del disco ese tema. Aunque visto a la distancia está bien, porque quedó plasmado todo ese proceso que vivimos en el estudio. También tiene que ver con el momento y con esa crítica medio ácida que nos gusta seguir mostrando.   

-También se nota un gran cambio en la instrumentación  del disco. Con más presencia del piano, las máquinas, climas más íntimos y la guitarra y tu voz mucho menos enérgicas. ¿Cómo fue ese proceso?
-Como todo lo que hicimos en el disco que fue un desafío artístico total. Me obligó a ponerme en otro lugar, más clean. Es como todo: cuando le empezás a bajar la ganancia y la distorsión, queda la mano. ¿Hay que ver qué pasa, no? Fue como sacarse un poco las camperas de cuero y expresar con desnudez y verdad un montón de cosas que nos estaban sucediendo. No es casual que justo las guitarras estén más desnudas. Es parte de la estética general, las letras y el audio. Tampoco que hay entrado el piano tan fuerte, tocan Brenda y Gaby también. Tiene que ver con esta deconstrucción, con este mostrarnos desde otro lugar. Nada en este disco es casual. Éramos ajenos a un montón de cosas que después de este disco marcan un precedente. Que digan, ‘ah, Eruca también es esto’. Y no nos da miedo lo que vayan a decir. 

-Suena a quiebre total y una declaración de principios, casi como una manifiesto. ¿Lo ven sí?
-Sí. Queremos deconstruir el rock acartonado fan del status quo del que venimos acostumbrados por un montón de bandas. Por suerte, algunas ya han desaparecido. Porque la verdad es que han hecho estragos y se han mandado mocazos. Claro que no tiene que ver sólo con musical, sino con todo lo que fuimos conociendo a partir de las denuncias de las pibas que se animaron. Eran bandas que al final lo único que querían era mantener el status quo. ‘Hablemos de los chabones, de las minitas y chau’. Eso ya fue. 

-También enarbolaron la bandera de la mayor presencia de mujeres en los escenarios y por ejemplo tuvieron un cruce con José Palazzo. ¿Quedó saldado eso y cómo lo ven de acá en más? Hay festivales que se vienen en Córdoba en que sigue siendo muy baja la cantidad de artistas mujeres.                   
-No nos gusta hacerle la cruz a nadie. Pero si nos parece denunciar lo que creemos que es injusto con la libertad de hacerlo desde el escenario. Usamos nuestros espacios para visibilizar. Lo hacemos naturalmente. Algunos festivales la verdad es que se quedan en el tiempo, otros tratan de renovarse, de sumar cupo. Lo bueno es que socialmente hay cosas que ya no están bien vistas. Se dan a debate público sin que haya ninguna ley. Si sale una grilla de un festival con sólo dos mujeres el público y las redes ya instalan la discusión. Con respecto a lo de Palazzo, fue un momento fuerte y su frase fue desafortunada. Pero necesitamos que les productores están del lado de las cosas buenas y no ponerlos como enemigos. Al contrario, es gente que produce muchísimo todo el año, que están trabajando para el ambiente. Hay que ayudar a cambiar las conciencias más allá de la ley. Se va ir dando, no creo que nadie se va querer quedar afuera. 

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