#MachiRules 1: La masculinidad al des-concierto

Por Julieta Acosta

Nico Giorasi es psicólogo, ya pasó por la Juve y lleva unos años pensando en la masculinidad desde las teorías de los movimientos feministas y de género, también de manera vivencial. Le parece que son temas que urgen en estos tiempos que los varones, sobretodo los cishetero, empiezan a repensar prácticas y cómo se relacionan, tanto para continuar sus estudios como para empezar a charlarlo en esta columna que nos propone.

El acercamiento desde un principio fue personal, traduciéndose en su trabajo, pero tiene que ver con algo personal y vincular, con algo que lo incomoda hace tiempo.

Su idea es abrir un espacio de invitación a los varones cishetero, a incomodarlos a ellos también, a empezar a repensar prácticas, privilegios -o lo que se dice comúnmente “privilegios”- que es la palabra clave, en determinados ámbitos. Parecería que hay un cuestionamiento, pero no se pone del todo en práctica. De repente las demás identidades de género ya se vienen haciendo estos planteos, y empezar a construir pensamiento colectivo es algo que urge.

Nico nos hace una invitación a pensar dentro de esta columna: ¿Es necesario que un varón esté liderando un sindicato o una agrupación si muchas de sus compañeras son mujeres? ¿Las está representando realmente? ¿Que ocupe un lugar clásico de poder al que siempre tuvo acceso y del que siempre fue imagen principal?

Recuerda dos momentos claves, uno en una peña en el Encuentro Nacional de Mujeres (que se dió en Resistencia, Chaco, en 2019), al que fue a escuchar una banda, rodeado de muchísimas personas, en su mayoría mujeres, y el hecho de no haberse sentido en peligro en ningún momento. Que esta misma situación en un lugar con cien varones no sucedería, que no se hubiese sentido tan tranquilo.

Por otro lado, sus amigas y amigues, “lo ayudan a sentirse incomodo”, y que gracias a elles se sintió muchas veces un “feministo”, así como también se ha sentido un varón deconstruido cuando “todavía le faltaba”, como nos falta a todxs, porque la deconstrucción es un proceso. Con el tiempo entonces entendió que no era su lugar estar en el ENM.

A Nico lo moviliza lo comunitario. Lucho Fabbri, Doctor en Ciencias Sociales (UBA) es un activista que coordina el Instituto MaCS (Instituto de Masculinidades y Cambio Social) en Rosario diferencia “la masculinidad”, en singular, de “las masculinidades”, en plural.

La masculinidad es un dispositivo de poder en tanto un conjunto de prácticas y discursos que lo que hacen es disciplinar, y Nico piensa que esto ideológicamente se encarna en el varón cishetero blanco, de que tiene que ser proveedor, no tener ninguna discapacidad, etc.

Esta masculinidad normativa se afirma en la socialización de varones bajo la idea o la convicción de que las sexualidades, el tiempo, la energía, incluso las corporalidades de mujeres y femenidades deberían estar a disposición de los mismos.

Las masculinidades se entienden en tanto los múltiples usos y apropiaciones subjetivas de la masculinidad.

La idea de la columna es la de incomodar a estos varones como dispositivo de poder, pero entender que esta masculinidad hegemónica no es la única que existe: que hay masculinades trans, no binarias, lésbicas, que históricamente han sido invisibilizadas. El hecho de que se diga que son “nuevas” no quiere decir que nunca antes hayan estado ahí, se las borró de una historia cisnormativa y binaria.

“Sentir es de PUTO y ser puto está mal”

Hay una sensibilización de la masculinidad y está mejor visto un varón bueno, sensible (versus el “rudo” o “violento”) pero muchas veces esa sensibilidad también invisibiliza, estanca la idea de las nuevas masculinidades.
Que pintarse las uñas y ser sensible no tapen el sol: eso no significa que uno ya está deconstruido. Esas son simplemente formas descriptivas, de vestirse o de actuar, pero se siguen reproduciendo los mismos ejercicios de poder, las mismas violencias, de una forma más silenciada, sutil, que justamente la sensibilidad la tapa.

Pensar la masculinidad en una tensión: es un lugar que otorga privilegios, pero no se llega a ellos sin costos y sin padecimientos. Desde chicos se señala que la masculinidad normativa es regulatoria: “no llores porque sos un maricón”, negativizando todo lo que se relaciona con lo femenino, hay que mantenerse lo más alejado posible de cualquier cosa que implique lo femenino. Mostrarse débil, frágil, cualquier tarea de cuidado, que tenga que ver con el hogar.

Es necesario el trabajo comunitario, no solo el individual, porque los mismos varones sostienen este sistema, y cuando alguien intenta salir de esa norma lo que sucede es la exclusión: “andá vos, pollerudo”. En los grupos de varones generalmente no hay lugar para lo sensible, cuando uno plantea estar triste las soluciones despojan la sensibilidad.

La invitación de esta columna es a repensarnos, siempre en clave relacional, con las demás personas e identidades. Cómo nos relacionamos con nuestro cuerpo, deseo y sexualidad. Alojar esa incomodidad que los feminismos llevan hace tiempo pidiendo, un ejercicio de acción que los varones hagan.

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