El ojo en la paja ajena

Por Julieta Acosta de FUEGA

Ilustraciones de Nicoculebras

 

¿Cuándo fue la última vez que te hiciste una paja?

El 27% de nuestrxs oyentes ya se tocaron el martes, el 36% aún no lo hizo y el otro 36% admite que ya no lo hace a diario desde que dejaron de tener veinti’s.

Según la RAE, masturbarse es estimular los genitales o las zonas erógenas con las manos o por otros medios para proporcionar el goce sexual. El goce, señora presidenta.

Etimológicamente, “hacerse una paja” o “paja” parece que viene de la palabra árabe “passa”, que significa “apaciguarse, calmarse, dar gusto, satisfacer”. Hay un mestizaje lingüístico con el verbo “passasa”, que significa “halagar, acariciar”. La voz andalucí “pissa” significa “pene” parece ser el origen de las actuales palabras “pija” y “picha”, con probable referencia onomatopéyica a la palabra “pis”.

En España se utiliza la palabra “pajillero” a lo que también acá se dice “pajero” para referirse a quien se masturba con mucha frecuencia, y allá también se refieren a “pajoso” para hablar de lo mismo. No podemos olvidar que en Argentina también la usamos para hablar de que alguien está muy cansadx, o que estamos muy cansadxs, o más exactamente “de que algo nos da fiaca”, que no tenemos ganas de hacerlo, “tener paja”, “estar hecho unx pajerx”, que algo pueda ser “una paja”, que lo que lo contrarresta sea “activar”.

Pensando en masturbarse, en las pajas y en “una que sepamos todxs” no pude evitar pensar en la peli “Loco por Mary”. Estrenada en 1998, probablemente tenga de las escenas (o secuencia de escenas) más famosas que giran en torno a la idea de la masturbación, pero también de la sexualidad.

Ted (Ben Stiller) es un varón de unos 30 años que se da cuenta de que llegó a un momento de su vida en el que quiere formar una familia, tener hijxs, construir un proyecto, todo eso que tiene su mejor amigo, Dom, pero que parecería no valorar. A su vez, al principio de la película, charló en terapia acerca de un episodio adolescente en el que invitó a la chica que le gustaba, Mary (Cameron Díaz) a la fiesta de egresadxs. Fue a buscarla a la casa y se presentó ante los padres. El interés parecía ser bastante mutuo.

Todo iba genial, pero Ted fue a hacer pis, se distrajo mirando un par de pajaritos en la ventana (que tapaban a Mary en tetas terminando de acomodarse el vestido del otro lado de la casa), y se terminó agarrando con el cierre del pantalón parte de los huevos y los testículos. Tuvieron que llamar al 911, nunca llegaron a la fiesta, y por desencuentros de la vida tampoco saben nada más el unx del otrx. Es la única chica de la que alguna vez estuvo enamorado y sigue sintiendo cosas por ella.

Dió con Mary en la ciudad a la que ella se mudó, y cuando se encontraron combinaron tener una cita. Ted viajó con Dom y pararon juntos en un hotel. Antes de salir, nervioso, mientras chequeaba estar bien vestido, no olvidarse de nada, tuvo una conversación muy interesante con su amigo. Le preguntó si ya vació las cañerías antes de salir. Ted no lo entiende. Dom le dijo que salir de tu casa antes de verte con una mina que te gusta sin masturbarte es salir con un arma cargada, que puede haber heridxs. Le preguntó, entonces, cómo se siente después de tener sexo. Él le respondió que está contento, relajado. Dom dice que se pone así porque está pensando como una mujer, que lo que tiene que hacer es tocarse.

El resto es un tanto historia: Ted fue al baño del hotel, se masturbó mirando un diario con unos anuncios de ropa interior, acabó apurado y sin tener idea de dónde quedó la descarga de semen.

Para cuando Mary llegó a buscarlo, a Ted le colgaba de la oreja eso que no encontraba, y ella pensó que era gel para el pelo. Lo tomó con la mano y se lo puso en el flequillo, pasando la totalidad de la cita con un jopo super parado. Bastante inverosímil.

Para la época del estreno de esta película, una mujer liberal cuyo nombre no me acuerdo se paseaba por los canales de tele yankees y enseñaba sobre educación financiera. En algún momento de mi vida me ví bocha de videos en youtube (porque es, probablemente, mi plataforma de consumo de contenido favorita). Me dejó una enseñanza que todavía aplico en mi vida diaria: no hay que ir al super con hambre.

Parecería que el consejo que recibe Ted es exactamente el mismo. Si cae a la cita con algún tipo de deseo sexual no satisfecho, va a comportarse como un boludo, va a estar ansioso (por no decir lo que el mismo personaje dijo: va a comportarse como una minita). Entonces decidí hacer lo que todx corazón de sociólogx a veces hace, que fue empezar a hacer encuestas, y también, tratar de hablar un poco con amigues en privado, a ver qué tenían para contarme. Porque cuali a veces mata cuanti. Porque quiero las explicaciones.

Muchxs me contestaron que, efectivamente, fue esta peli la que colocó en el imaginario colectivo la “idea” de que lo mejor que podés hacer antes de verte con alguien que te gusta, incluso y sobretodo si no vas a tener relaciones sexuales con esta persona, es masturbarte.

Si bien a la muches, ahora en sus treinti’s, esta teoría les parece una pavada, admiten haberlo hecho en el pasado, cuando hay otrxs que admiten que es lo más inteligente a hacer, no sólo por la relajación o la ansiedad, sino también “para durar más durante el acto sexual”, porque saben (o se predisponen) a que van a “durar poco”, o porque tienen la presión social (o se presionan a sí mismos) de que un acto sexual exitoso es aquel que es que dura “mucho tiempo”, cuando el tiempo, también, en lo que a sexo se refiere, es relativo y también depende del consenso, de cómo se sientan ambas personas (o más) y que estén disfrutando. Como si “acabar” (eyacular, exclusivamente en el caso de lxs varones o de quienes tienen pene) arruinara absolutamente todo y no estuviese admitido, de repente, hacerlo, y tal vez disfrutar de otras cosas, incluso actividades no sexuales, u otro tipo de estimulaciones, o tal vez volver más tarde a probar tener relaciones, sino otro día.

Como si no se pudiese practicar, también, el “edging”, que es una técnica que se utiliza para potenciar los orgasmos, en tiempo, calidad y cantidad, y que consiste en estirar lo máximo posible lo que se esté practicando, regulando la intensidad de los estímulos, deteniéndolos o retrocediéndolos (o tal vez volviendo a empezar). Hay sexólogxs que lo plantean como “ir hacia atrás cuando se está cerca del orgasmo para después volver a aproximarse”, que es, ni más ni menos, una técnica de control del orgasmo, que no se aleja de prácticas tántricas. No solo se trata de algo psicológico, sino que también es físico, porque a medida que pasa el tiempo se va aumentando el flujo sanguíneo en el área pélvica y en los genitales, lo que, definitivamente va a potenciar el clímax.

En el tantra, que es una rama del yoga “más sexual”, porque se enfoca en este tipo de energía y su control, hay técnicas para retrasar la eyaculación mediante la contracción de distintos músculos cercanos al perineo (en el caso de las personas con pene), pero definitivamente se trata también de un estado meditativo, utilizando también la respiración como aliada. El resultado es el mismo.

Mientras algunxs “controlan” (o tratan de) controlar el placer vía la masturbación para… obtener más placer, potenciarlo, o explorar el propio placer o el que es compartido, otrxs lo hacen para no ser tan obvixs con la persona que les gusta, para seguir perpetuando el mandato de que “en la cama hay que durar” por pura performance y no por disfrute, y, yendo un poco más lejos, hay cuerpos que son coaccionados desde temprana edad, desde lo moral y religioso, para no tocarse a sí mismxs durante sueños eróticos o poluciones nocturnas, cuando, tanto como el sexo, es parte de la vida.

Se presupone, también, todas las personas nos masturbamos, o todos los varones se masturban, cuando esto no es así. A lo largo de esta investigación “informal” (preguntarle a amigues y escucharlos, además de tener en cuenta charlas que he tenido con ellxs a lo largo de mi vida) pude notar que hay muchas mujeres que no se masturban (y a esto lo respalda la estadística: según un estudio de la Natural Survey of Sexual Health and Behaviour para la edad de 30 años, el 80,3% de las mujeres admiten haberse masturbado al menos alguna vez en su vida, cuando el 93,4% de los varones de la misma edad ya lo hicieron, y es una diferencia importante, porque quiere decir que el resto no), y cuando también hay varones que admiten no preferir o no gustar de tocarse, sino de encontrarse con un otrx, de tener una sexualidad preferiblemente vincular.

Muchas mujeres hemos vivido con culpa y vergüenza el proceso de autoconocimiento que implicó el empezar a tocarnos porque, a falta de una ESI que nos avisara que podíamos hacerlo, que nos alentara a conocernos o abriera la puerta de la posibilidad, hemos tenido relegado durante gran parte de nuestras vidas el placer sexual a algo sucio, mugriento. A algo que, de última, es un “favor” que le hacemos a nuestra pareja (generalmente un varón cishetero).
Siguiendo con las pelis y sus representaciones de la masturbación, American Pie salió un año después que Loco por Mary (1999) y se llama así, y todxs la recordamos por la famosa escena en la que Jason Biggs está usando penetrando una tarta para masturbarse, cuando su padre entra a la cocina (Eugene Levy), y si bien es un momento un tanto incómodo para él, luego pueden hablar de ello sin problemas -lo que se aleja un poco del modelo de mapadre que evita y se esconde de la charla sobre sexualidad, en un contexto en el que, ya dijimos lo que pasaba con nuestra ESI

La ESI que supimos conseguir

En La Secretaria (2002), Maggie Gyllenhaal se masturba pensando en su novio, con quien va a casarse, pero no logra llegar al orgasmo. Permanentemente a lo largo de esa paja tiene pensamientos “intrusivos” con quien es su jefe, de quien realmente está enamorada, y con quien, además, comparte fantasías y juegos psicológicos sadomasoquistas (y algunos un poco físicos), pero con quien aún no ha tenido sexo, por mucho que lo desee, y con quien definitivamente no está en pareja. Pensar en él es la única forma que tiene de alcanzar un orgasmo.

En El Cisne Negro (2010), el personaje de Natalie Portman es incitado por su profesor (Vincent Cassel) a volver a su casa y tocarse para poder bailar mejor. Es comparada por él con otra bailarina, Mila Kunis, que es más joven, tiene un estilo más “fresco” y que aparenta tener un acercamiento mucho más libre al mundo de la danza mientras ella se encuentra “reprimida”, tanto por la academia, como por su madre y sus propios mandatos.

No tengo que decir lo obvio: qué distinto, también, es ser mujer de ser varón, aún dentro del binomio, sobretodo en estas pelis de los 2000, que fueron las que moldearon nuestras pubertades y adolescencias.

La “autonomía sexual” es un concepto que apareció hace algunos años y que gira en torno a la idea de que podemos tener una pareja, sí (en términos amorosos, o meramente sexuales, sino varias, sin importar la configuración afectiva), pero que más allá de eso es importante que comprendamos nuestra sexualidad es independiente de lo compartido, lo que no implica ni quiere decir que tengamos sexo con más de una persona si tenemos un contrato de exclusividad, o que todo es válido, sino que primero y ante todo tenemos una relación con nosotrxs mismxs, una relación sexual. Esto refuerza la idea de que aún si tenemos sexo con regularidad, continúa siendo importante que diferenciemos y busquemos espacios y tiempo para masturbarnos en soledad, siempre y cuando lo deseemos, y que no hay razones para que seamos juzgadxs por ello. Definitivamente tocarse no es ningún tipo de infidelidad, porque es, ante todo, autoamor.

Porque es, también, autoconocimiento. Lejos de juzgar a quienes no se tocaron nunca, o quienes prefieren no tocarse porque así no lo sienten, la masturbación ocupa en nuestras vidas un lugar clave a la hora de comprender y entender nuestros cuerpos y la relación que tenemos y podemos tener con ellos, ya que los habitamos, para la exploración de las fantasías.

Partiendo de esta base, es entonces que podemos discernir eso que preferimos y podemos comunicarlo, aún no verbalmente, a unx otrx que no vive en mi cabeza, en mis manos, en mis zonas erógenas ni en mis genitales, pero lx puedo guiar (sabiendo también que una zona erógena puede ser toda esa que me provoque una sensación placentera, y que también pueden variar con el tiempo, porque, otra vez, el tiempo es relativo y siempre estamos aprendiendo: de nosotrxs mismxs, de los demás, de un todx, y del sexo, aunque seamos bien soberbios al creer que ya vivimos todo lo que podíamos, que así también lo sentimos y que nadie puede venir a enseñarnos nada o que un encuentro no va a poder provocarnos una sensación completamente nueva).

Según Maslow (psicólogo laboral) el sexo es una necesidad fisiológica, y como tal, una necesidad básica, junto con comer, beber, dormir, respirar, mantener el equilibrio del ph del cuerpo y la temperatura corporal, y que recién cuando todas estas estén satisfechas podemos pensar en todas las demás, como lo son la seguridad, la filiación, el reconocimiento y la autorrealización.

Ilustración de Nicoculebras

 

La masturbación sexual suele ser la primera relación sexual que tenemos (de acuerdo con el Institut Gestalt), y mientras en el imaginario colectivo se la relega a “una solución” (provisoria) a la falta de contacto con unx otrx, más precisamente a no tener sexo penetrativo -cuando ya entendimos que no es la única forma de tener sexo, ni de sentir o dar placer-, se la ve como un preludio, como algo incompleto, como algo que tiene como fin último y único el llegar a un orgasmo, cuando vemos que no es la única manera. Cuando vemos que, al mirar una peli, hay quienes gustan de hacerlo porque prefieren disfrutar el proceso de mirar una película, porque gustan del cine (incluso del ritual de “ir al cine”, aunque hace más de un año sea una libertad bastante coartada por razones sanitarias obvias), o de hacer pororó y preparar algo rico, preparar el living, el sillón, e invitar a alguien más a hacerlo con nosotrxs, y nada de todo eso tiene que ver, quizás, con llegar a ese segundo en el que la pantalla se pone en negro y vemos los créditos. Porque salvo se trate de Marvel, a los créditos casi que no los miramos, mucho menos las escenas post créditos, pero están ahí, son parte de ella.

Una paja puede compartirse, también, ya sea en presencia del otrx, con su participación, en persona o por alguna vía virtual, mediante algún tipo de juego (o juguete) o fantasía en la que esté presente aún si no está ahí, puede volverse parte del acto sexual en conjunto, o puede abarcar la totalidad del acto sexual en conjunto como parte del “sexo no penetrativo”.

Así como me encontré con el testimonio de un varón que no disfruta de tocarse porque no hay un otrx, también varios amigos varones remarcaron que las mujeres con las que prefieren estar son esas que se masturban, porque son las que se conocen a sí mismas.

Cabe destacar que todas estas experiencias y elecciones, así como gustos, son completamente válidas.
Existe también la “asexualidad”, refiriéndose a la falta de apetito sexual o de atracción romántica, y que algunas personas experimentan solo alguna de las dos, mientras que otras experimentan ambas.
Existen personas asexuales que pueden experimentar sensaciones sexuales, más no tener deseo de actuar sobre ellas, mientras que otrxs sí intentan “descargarse” masturbándose o encontrándose con unx otrx. También es posible sentir atracción romántica, pero no un deseo sexual, teniendo en cuenta que el mismo está sujeto a una gran cantidad de condiciones, como ser psicológicas, emocionales e incluso físicas.

Es importante entender que a lo largo de nuestras vidas el deseo, o el impulso, o eso a lo que llamamos “líbido”, que lo relacionamos con “ganas de”, así sea de tocarnos o de tener sexo con otra persona, va a fluctuar, que es cambiante. Que no hay nada malo con nosotrxs si pasamos períodos de tiempo en los que no sentimos nada, o no sentimos lo mismo que antes, y que, si esto nos implica un problema, un conflicto, si queremos resolverlo o tratarlo por nosotrxs mismxs, que podemos recurrir a unx especialista (ya sea terapia psicológica o médica), pero que no debemos ser arengadxs por nadie a solucionarlo. Nuestras parejas deberían estar ahí para apoyarnos y comprendernos, no para crear o aumentar la frustración que podemos llegar a sentir si de repente estamos pasando por un momento de la vida en el que coger, tocarnos, o el placer sexual no está siendo una prioridad.

Las cuarentenas que estuvimos atravesando intensificaron las discusiones acerca del deseo sexual, la masturbación, y también el sexo. Las pusieron arriba de la mesa. Empezaron a mostrarnos que hay muchas formas de compartirse y también de vivir la sexualidad, que tal vez antes desconocíamos o no estábamos prestando la suficiente atención. También empezó a pasar que, mientras algunas personas comenzaron a sentir más deseo, y en consecuencia, se tocaron más o tuvieron más sexo con sus compañerxs (presencial o virtual, porque “real” lo es todo), otras todo lo contrario, porque lo psicológico también cumple un papel importantísimo en nuestro desempeño sexual, pero también en nuestra conexión con el placer.

Es completamente un mito que si nos tocamos va a disminuir nuestro deseo o vamos a quedar estériles, muy por el contrario, quienes se masturban regularmente obtienen el beneficio de que su deseo aumenta en general.
Mitos hay muchísimos, como que van a salirnos pelos en las manos, cuando no tenemos (ni vamos a tener) pelos en las yemas de los dedos ni las plantas de los pies. Cuando no vamos a quedarnos ciegxs, que se basa en que el semen tiene gran cantidad de vitamina a, esencial para la retina, que mejora la visión nocturna) y porque a veces cuando acabamos la visión se nos borronea un poco. Que nos va a salir acné, y que cuantos más granos tengamos más pervertidxs somos, cuando más bien todo lo contrario y además se pisa con la famosa palabra “pornoco” (por-no-coger) para referirse a los granos, porque no sólo masturbarse tiene enormes beneficios para la piel, sino que además el semen también las tiene al contener espermidina, que es un antioxidante (reduce las arrugas, previene el acné, suaviza las líneas de expresión, le da una apariencia saludable a la piel).

No vamos a volvernos infértiles, solo podremos tener complicaciones las mujeres si utilizamos algún juguete que no hayamos limpiado por las posibilidades de desarrollar una infección bacteriana, una enfermedad pélvica inflamatoria. Muy por el contrario, que nos masturbemos, la secreción de flujo, y sobretodo la eyaculación femenina, ayudan a barrer todas las bacterias excesivas disminuyendo la probabilidad de infecciones, también de las vías urinarias.
El orgasmo, también, puede ser mucho más intenso que teniendo sexo con otra persona. De hecho, las mujeres tardamos un tercio del tiempo que cuando estamos teniendo relaciones sexuales, y durante la masturbación los varones liberan más testosterona, lo que hace que el impulso sexual incremente. Es un hecho que quienes se tocan frecuentemente tienen más relaciones sexuales que quienes no lo hacen, así que: mito, también, que la paja esté acá para reemplazar algo, por el contrario, colabora con ello (en caso de que no podamos ver, aún, a la masturbación como algo completo).

Tanto la masturbación como el sexo tienen beneficios para el cuerpo en general. Las oxitocinas que se liberan estimulan la luminosidad natural del rostro, se relajan los músculos faciales, por lo que: sí, nos cambia la cara, y existe la “cara de recién cogidx”. Tal vez no se note de la misma manera luego de la masturbación, porque no liberamos la misma cantidad de oxitocina (la “hormona del amor, de la calma y el contacto”) con unx otrx que cuando lo hacemos solxs, pero es una hormona que también está presente en los abrazos, por ejemplo.
Ayudan a conciliar el sueño, nos reduce las ojeras, colabora con la regulación de los horarios de sueño y mejora la calidad de descanso.

Durante una paja se queman de 30 a 170 calorías, dependiendo de la intensidad y la cantidad de tiempo que la practiquemos. Es un ansiolítico natural, así como también disminuye las ganas de comer alimentos con grandes cantidades de azúcares y carbohidratos.

El orgasmo libera dopamina (la “hormona de la felicidad”), disminuyen nuestros niveles de stress y además nos relaja en general, porque también se liberan endorfinas.

Mejora nuestro sistema inmunológico al aumentar los niveles de cortisona. En los varones, puede prevenir el cáncer de próstata.

No hay formas de tocarse que sean las correctas y excluyentes, y tampoco razones para no tocarse, salvo las que vos puedas encontrar como válidas y verdaderas. Algunxs de lxs que nos tocamos intentamos hacerlo, la mayor cantidad de las veces, no por el gusto de ver vacío el plato, sino por disfrutar de la comida. Una que a veces, también, podemos hacer para otrxs.

¿Hoy le pusiste #LECHE al café?

#LECHE es una columna millenial sobre sexo hecha por Julieta Acosta de FUEGA e ilustrada por Nicoculebras

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