La Mujer y El Cine

La participación de la mujer en la industria cinematográfica sigue siendo baja a comparación de la taza de empleos ofrecidos al hombre. En Hollywood desde el año 1998 solo existía un 9% de directoras mujeres con un incremento lamentable al 11% en el año 2017. Esto significa que estadísticamente hablando, en 19 años solo el 2% de mujeres pudo acceder al trabajo de cineasta.

Esta situación no tiene absolutamente nada de conexión con el hecho de que existan pocas mujeres con talento, conocimiento o interés para con la industria. Pero al contrario, tiene toda la conexión con la carencia de puestos ofrecidos para ellas por el sistema opresivo y encasillador. Esto también quiere decir que en la historia se destaca al hombre por sus descubrimientos y estudios, mientras que la escasez de mujeres se debía a la invisibilización (estaban presentes, no las acreditaban) y dificultad de acceso a estudio o trabajo que sea categorizado “para hombres”.

Nos preguntamos cuáles son los roles que puede ofrecer la industria a la mujer, teniendo en cuenta la gran brecha de salarios entre sus compañeros hombres siendo así el mismo trabajo. El sistema patriarcal que responde a la heteronorma, no solo afecta a trabajos de puestos como cineastas, sino también a la visualización en la creación de personajes femeninos en los arcos narrativos de estas historias, incluso en la creación de los personajes masculinos que responden a la misma regla de orquestar un discurso que sirve a un sistema de opresión e invisibilización de la mujer como tal y más bien como objeto de cosificación.

Bourdieu explica que «el esfuerzo para liberar a las mujeres de la dominación, o sea, de las estructuras objetivas y asimiladas que se les imponen, no puede avanzar sin un esfuerzo por liberar a los hombres de esas mismas estructuras que hacen que ellos contribuyan a imponerlas» (Bourdieu, 2000).

La construcción de personajes femeninos  más conocido en la industria del séptimo arte se categorizan por: La mujer malvada, ésta representación de la mujer estereotipada como la malvada y la seductora versus la inocente. La mujer que cumple su función social, es decir, el rol de la mujer y la construcción de su representación en relación con un sistema patriarcal, o sea, mujer heterosexual, virgen, esposa y madre. La mujer, objeto de deseo, soporta pasivamente la mirada activa del varón. La mujer que busca al príncipe azul, el final suele ser el éxito cuando la chica finaliza el camino al lado del hombre o el fracaso, cuando sufre el engaño del hombre. La mujer heroína que disputa las heroicidades del hombre, pero siempre respondiendo a la idea de igualdad y no equidad.

En el 2017 el movimiento #metoo, tras las acusaciones de abuso, acoso y violación del productor Harvey Weinstein, con aproximadamente 85 acusaciones, sirvió como plataforma para reflejar no sólo la hostilidad del entorno laboral en que trabajaban, la desigualdad en el pago, la carencia de ofertas de trabajos y de papeles realistas que representen los roles de la mujer en la sociedad. Por consiguiente abriendo el abismo que es para la comunidad LGBTQ+ que ni siquiera son partícipes activos de dicha industria.

A modo de cierre me gustaría citar a Virginie Despentes “El feminismo es una revolución no un reordenamiento de consignas de marketing… El feminismo es una aventura colectiva, para las mujeres pero también para los hombres y para todos los demás. Una revolución que ya ha comenzado. Una visión del mundo, una opción. No se trata de oponer las pequeñas ventajas de las mujeres a los pequeños derechos adquiridos de los hombres, sino de dinamitarlo todo.”

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