Orgullo argentino: ¿accidente o perfección?

Hacer una película y robar un banco, son la misma cosa? Casi diría que sí. Ambas situaciones requieren de una preparación, una ejecución y una post-producción. Un robo hay que pensarlo, mucho, planearlo con detalle, financiarlo, ponerlo en práctica y saber cómo actuar después de todo eso.

Igual que una película, un robo tiene un guión y un casting y, aunque el plan sea perfecto, puede fallar por muchas razones.  Pero, ante todo, el robo y la película tienen un objetivo común: ganar plata. Y en ambas situaciones, el “premio“, o el botín aguardan al final del camino.

Rompiendo récord de taquillas llegó a los cines hace unas semanas “El Robo del Siglo“. La historia cinematográfica basada en la historia real del robo al banco Río, y en el libro que lleva el mismo nombre, El Robo del Siglo: La historia secreta.

La peli arranca con un día lluvioso y en la calle no hay un alma. Araujo (Peretti) está refugiado bajo el alero de un local cerrado. Sobre la avenida se han formado varios charcos; en ese fragmentado espejo de agua se distingue, deformado, un cartel luminoso. Araujo levanta la vista y descubre, delante suyo, la fachada del Banco Río. Arranca su obsesión.

El 13 de Enero del 2006, Vitette, Araujo, De La Torre, Debauza, Marciano y El Gaita entran a robar a sucursal del Banco Río de Acassuso con el plan perfecto. El robo más grande de nuestro país (Argentina), y el 4to en un ranking mundial (hablame de rankings políticamente incorrectos).

Pero, ¿existe algo “perfecto”? El único cabo suelto, ¿realmente fue accidental o todo estaba planeado por el cerebro del robo del siglo?

Que hermoso observarnos a veces, a los argentinos. Las decisiones importantes (que probablemente defina nuestro futuro como país) son manejadas con la misma “pasión” con las que se manejan los partidos de fútbol o las partidas del UNO. Existe este orgullo un poco turbio de ser argentino incluso en cosas que no deberían dar orgullo. 

“En este caso está basada la casa de papel”, “es el cuarto atraco más grande del mundo”, “nunca se encontró la plata”. Todas estas afirmaciones las escuché con orgullo palpable, pecho inflado y una sonrisa satisfecha porque ante todo, eran argentinos. 

Desde la forma en que está filmado hasta los silencios justos, los chistes, el vestuario y la sátira típica, todo el conjunto hace muy difícil que alguien que no sea argentino, alguien que no maneje los modismos nuestros, sea capaz de disfrutarla tan íntimamente. Es tan nosotros, tan normal, tan común y tan increíblemente empático aún que sepamos que robar está mal, que esos son “los malos”, salís de ver la película amando un poquito más nuestra cultura tan mezclada, tan así como esta pintada en la película.  

La familiaridad que manejan estos increíbles actores, la llegada y en especial lo que movió a estos personajes reales, que van desde un equilibrio natural de una mente brillante hasta la necesidad básica de sobrevivir. Todos y cada uno de los motivos son fáciles de sentirlos, pegan tan cerca de casa que los vemos como los que se animaron a hacer lo que muchos pensaron, lo que muchos soñaron. La gran pregunta es si soñar con robar un banco es malo o bueno, sí algo por lo que estar orgullosos. 

Por: Salome Abecasis y Meli Echeverría

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