Los que siempre caminan para el mismo lado

La cobardía es como estar empapado debajo de la lluvia con paraguas, no te cae agua pero de todos modos estás mojado. Tenés frío, el fastidio es inevitable y depositas todas tus esperanzas en el impredecible servicio meteorológico.

El cobarde siempre está escondido detrás de un discurso, se respalda detrás de ideales genéricos y se inventa obstáculos para no animarse a vivir. Son los que regresan antes del amanecer.

Ser cobarde es caminar del brazo de alguien que no elegís, acostumbrarte a comer puré cuando preferís una ensalada, es disminuir las posibilidades de derrota estableciendo el conformismo. Una tristeza de oficio.

Tergiversar tu discurso para que suene mejor también es cobardía. Sin importar los motivos mentir es de cobardes.
No permitirse olfatear otros perfumes, tomar siempre el mismo colectivo, comprar algo por las dudas, dejar siempre la basura en el volquete y cantar fuerte solo cuando no hay nadie también se relaciona a la cobardía.

La nostalgia de tu pelo blanco, el rechazo a las tinturas y siempre aceptar los caramelos del chino. Tu deseo de moda reprimido, los colores claros y ser fanático de la coca por no haberte animado a probar la Pepsi también pueden volverte un cobarde.

En este momento, en este texto y en su contenido quizás también se esconda un cobarde, que no sabe cómo decir o que dice de manera equivocada. Pero asumir que hay cosas que no digo es transitar una alternativa distinta, es matar a la soberbia y darle una chance a lo desconocido.

Tengo la suerte de haberme perdido en algún que otro viaje y de haber chocado un par de veces. Algunos caminan toda su vida sin salirse de la ruta principal y nunca necesitan del freno de mano.

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