El pañuelo verde no se guarda

Colaboración de Ivana Osuna

Mañana, martes 28 de mayo, y con el Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujeres instalado en la agenda, se vuelve a presentar el proyecto de Ley de Interrupción voluntaria del Embarazo (IVE). Después de lo que fue el crecimiento desmedido -y necesario- de la denominada Marea Verde a lo largo y ancho del país, las mujeres y personas gestantes nos volvemos a encontrar en las calles de nuestras ciudades, en nuestras provincias, con nuestros pañuelos y nuestras esperanzas reestablecidas después del duro golpe, que sentimos todas (y todes) por los Senadores y Senadoras, que nos condenaron a seguir abortando en la clandestinidad.

El marco político cambió drásticamente desde entonces. El gobierno neoliberal y su plan de ajuste nos acorraló a acuerparnos para, una vez más, contenernos entre nosotres, porque como dice Ofelia Fernández, somos las mujeres quienes abrimos los comedores comunitarios en los livings de nuestras casas para combatir el hambre generalizada. Nos redujeron a contar las monedas para llegar a fin de mes y a sentir fortuna de poder comprar algunas verduras del mercado. Nos bombardearon y nos condenaron a la pobreza, que nos afecta cada día.

En Corrientes, todo cuesta el doble y todo duele el doble también. Somos la provincia más pobre del país, con un 38,4% de los hogares y un 49,3% de sus habitantes en situación de pobreza. Y la pobreza, que nos atraviesa profundamente a quienes sabemos lo que es el hambre, conlleva muchos otros flagelos que algunos dirigentes políticos locales nos quieren hacer creer que es nuestra culpa: estamos en la región con más embarazos adolescentes del país. Con la campaña “Niñas, no madres”, esta realidad quedó al descubierto.

Socorristas en Red – Feministas que abortamos. Para información sobre aborto seguro en Corrientes, comunicarse al 379 4 789734

Mañana renovamos las esperanzas de poder decidir sobre nuestros cuerpos -y nuestras vidas- sin ser criminalizadas. Lo que nos dejó la militancia diaria en las plazas, en los bares, en nuestras casas y nuestras camas durante cada día del año pasado hasta el 8 de agosto, donde finalmente se decidió que no merecíamos el derecho que es fundamental para garantizar nuestra salud es, más que nada, la certeza de que el aborto existe, existió y existirá. Al menos una de las mujeres (o personas con capacidad de gestar) que conocés, abortó en algún momento de su vida, priorizando su salud y su futuro.

Que el acceso al aborto sea legal no nos garantiza que se aplique correctamente, como sucede con la ley de interrupción legal del embarazo (vigente desde 1925), sin embargo nos permite ser visibilizadas (y visibilizades) en nuestras historias personales y colectivas: el aborto sucede todos los días. En el café de la mañana y en la cena durante la noche.

No es una discusión sobre “aborto sí” o “aborto no”, eso ya quedó demostrado, es la posibilidad de avanzar hacia políticas más justas para todas las personas que compartimos este territorio, y hacer justicia por todas las hermanas (y hermanes) que hemos perdido en el mientras tanto. Estamos enojadas y enojades porque mientras el Estado decide mirar para otro lado, nosotras somos quienes ponemos el cuerpo a esta realidad, en la que lo único que estamos pidiendo es poder decidir nuestro propio futuro. Acudimos a las socorristas en red, a las amigas que saben, a las amigas que sabemos que nos darán una mano, abortamos en nuestras casas mientras cuidamos a lxs hijxs, y al otro día vamos al trabajo, continuamos nuestras rutinas porque no, no morimos en el intento, no nos mata el aborto.

Nos mata la ausencia del Estado, que nos priva de la posibilidad de hablar de nuestros miedos con profesionales de la salud. Nos mata la ausencia del Estado, que nos priva de la posibilidad de realizarnos controles post-proceso para asegurarnos que todo está bien.

Nos mata la ausencia del Estado y nosotra(e)s resistimos. Nos tenemos entre nosotras y nosotres. Estamos armando un mundo feminista. Construimos día a día una red de amor y cuidado feminista que mañana, nuevamente, toma las calles y las tiñe de verde hasta poder, finalmente, gritar entre lágrimas que es ley, que ahora que estamos juntas, ahora que sí nos ven, tiramos el patriarcado a patadas y decidimos por nosotra(e)s y nuestros futuros.  

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