Los medios del domingo

Nos preocupan las preocupaciones del medio, ellos son quienes nos filtran las imágenes alterando el contexto, seleccionando las palabras para hacernos sentir. Desglosan las situaciones y concluyen las historias basándose en conjeturas, las mismas conjeturas que la cotidianidad convierte en verdad. Mientras tanto, al margen de la nueva temporada de black mirror, el estreno de canal 11 y la historia de un tipo que dice haberse alcoholizado con helado de sabayón; nos sucede la vida. Muchos de nosotros estamos convencidos de que lo que ocurre en el mundo es lo que se publica en las redes sociales, delimitando nuestras emociones a un mouse, un teclado o algún táctil. Pocas veces miramos al costado, estamos obnubilados por la pantalla que nos ilumina.

Sin embargo la escases de sonrisas y el olvido de la última carcajada te hacen reencontrarte más seguido con los enojos. El análisis de los años hace que te des cuenta que aquella tarde tenías que dar el pase antes, en el afán de hacer goles dejaste de festejarlos y ya daba lo mismos marcar el tres a cero que el descuento en un cuatro a uno.

Nos inmolamos transitando los recuerdos: la dependencia a personas, fármacos y todo tipo de escapes placenteros. Sujetos que son felices solo al dormir y noches que se roban los sueños. Conozco cada una de las historias que habitan en mí, el inconveniente surge cuando las quiero agrupar, pues algunas son incompatibles.

Hace quince días que nadie me llama por teléfono y solo recibo cadenas de mensajes e informes laborales referidos a los cambios de horario en el trabajo. Me encuentro acompañadamente solo, porque tener una rutina y red social no necesariamente evita la soledad. Las drogas resaltan los sabores de mis vivencias y sin ellas quizás mi vida sería un paquete de papas fritas sin sal ni condimento. Cuando disminuís la velocidad la ruta de tu vida se ensancha, te vez a vos mismo, dejas de escaparte y te cruzas con el domingo.

Paso días enteros naufragando por lo irremediable, padeciendo sucesos que ni siquiera forman parte de la historia. Los domingos en la década del noventa eran distintos, duraban tres días y tenía tantos matice como un parque de diversiones. El sol de la mañana brillaba más que ahora y las radios eran en muchos lugares la banda sonora del momento que transcurría, y si bien las tardes dejaron de ser largas continua existiendo esa nostalgia de domingo que te llena de preguntas y te ínsita a pensar. Aun no olvidamos aquella sensación de vacío que aparecía cuando todos se iban y la casa volvía estar en silencio.

A veces me canso de pensar cual sería el mejor presidente, el mejor trabajo y la casa ideal; hay días en que no encuentro nada que tenga que ver conmigo y es ahí donde me atrapa la red. En el afán de estar informado, de opinar y acumular datos que ni siquiera me importan dejo de existir por un rato en el mundo. Ser el de tu perfil es más fácil, te volves mas ingenioso, menos pedante y simpático. Repetir los titulo y bajadas que tu teléfono seleccionó para vos, solo podrá servirte un tiempo. Pero un día cuando te vayas a dormir te vas a buscar y no habrá nadie, no tendrás filtros que camuflen tu pelo, ni aplicaciones para reírte de lo que aún no aceptaste de vos. Una noche de domingo, si tenes suerte, quizás vuelvas a encontrarte.


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