Serendipia: Se viene mucho más

Por: Valentina Barreto Gruner (@Nomada)

Festival WE 5ta edición: Por segunda vez, en Corrientes se escuchó música propia y viva, para que no muera la costumbre de reunirse, celebrando a nuetrxs artistas.

Fue una sensación de extrañez y emoción colectiva, que se reflejaba en los rostros cubiertos por barbijos del público. Volver a un festival después de tanto, sabiendo que estaríamos a punto de escuchar artistas tocando en carne y hueso, frente a nuestros ojos. Todo lo experimentado parecía familiar, pero diferente a lo que se recuerda percibir en un evento de música. Al entrar a las 18.30 hs. con el sol brillando sobre los murales de El Patio Cultural y el calor asfixiando dentro de la mascarilla, la guitarra del chaqueño Ibarra adelantaba lo que se venía, mientras lxs organizadores de La Juventud Está Perdida le daban forma a un encuentro que significaría la vuelta de los encuentros culturales en la provincia .

Por la tarde

Candombe del Litoral arrancó con un retumbe de tumbadores constante y movido. Desde la primera fila casi se sentían las vibraciones, al ritmo de las vueltas de la bailarina, que descalza y sonriente ondeaba su vestido blanco con cada paso. Poco a poco marchaban por el camino de piedra hacia el fondo, donde la gente los recibió con palmas. Se situaron en el centro de todos, donde algunos rayos del sol destellaban sus movimientos.

Fotografía Fabricio Gimenez.

Como este no es su primer festival realizado durante la pandemia, La Juventud Está Perdida sabía lo que hacía, y los protocolos se estaban cumpliendo al pie de la letra. Gracias a esto se puede conservar un poco de ilusión respecto a la vuelta de las actividades culturales, ya que el buen comportamiento del público en aquella primera vez, junto con la creciente necesidad de consumir arte, permitió que se proyecten medidas como el programa de Intervenciones Escénicas “A Cielo Abierto”, que planea una serie de ciclos y festivales de verano con el fin de brindar un espacio seguro para la audiencia así como para lxs artistas que desean y necesitan desenvolver sus actividades profesionales relacionadas.

Sin duda las perspectivas a futuro cambiaron, tras diez meses de inactividad el 4º We! produjo esperanza, y este segundo festival desde el inicio de la cuarentena en la provincia correntina trajo consigo emoción. Ese efecto podía verse en todxs lxs reunidxs aquel sábado 6 de febrero, reflejado en la espera confianzuda a que el artista suba y haga lo que mejor sabe.

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Ya con el público instalado y movilizado por los tambores del grupo anterior, Seba Ibarra recordó notas lejanas. “Lentamente, fueron apareciendo los paisajes… El amor por el río, nuestra relación con el río Paraná, cómo nos transforman esos paisajes…”. Tras un saludo a nuestro río con Niño Paraná, un cambio de ritmo despertó los oídos expectantes. El beat digital mezclado con su voz en vivo expuso una versión renovada de Fakir, donde el micrófono distorsionado de su izquierda sumaba ecos a sus exclamaciones. Con la misma frescura cantó entre silbidos Dos Que No Tenían Nada seguido de Todo era Primero, canción que aprovechó para agradecer a todas las mujeres que luchan por el arte en estos tiempos difíciles.

Fotografía Fabricio Gimenez.

“Esta canción se llama Tal Vez Diamantes, es una canción que habla sobre los
espejos, sobre reflejarse en otra persona y creo que durante todo este tiempo lo que
nos faltó a los artistas es ese espejo del público que está del otro lado. Entonces es
una canción que de alguna manera se resignifica, donde ustedes serían mi espejo y
yo sería el espejo de ustedes”, Seba Ibarra.

Tocaba y cantaba entre sonrisas que se le escapaban de las comisuras, como si no pudiera contenerlas, a medida que la luz violeta abajo suyo pronunciaba los movimientos de sus manos. Para tocar Semilla de Samuhú subió al escenario Flor Sandoval que se veía tan emocionada como Seba de tocar en el mismo espacio, luego de varios episodios de “El fogón de los viernes” cantando a distancia por medio de una plataforma virtual. Comenzó ella mientras Ibarra seguía sus palabras con la guitarra, para luego finalizar demostrando una dupla cálida y armónica. Seguido de ello vino Flecha en el Viento, con un ritmo mucho más movido que levantó vigor entre las mesas casi llenas. Por los barbijos no se podía ver si cantaban la letra, pero el público se movía al ritmo, al igual que el cantante.

Fotografía Fabricio Gimenez.

Como no podía faltar, Seba Ibarra le puso un moño a su aparición con Tereré. “Son canciones que tratan de celebrar nuestro lugar… no hay terremoto, no hay volcán, así que le cantamos al tereré” dijo con mirada irónica. Por supuesto que su canción fue recibida con aplausos, gritos, bailes, palmas y risas luego de intentar decir luego de Seba el trabalenguas “¡Que rico que rico que rico rico tereré!”. Una vez finalizada la canción y con una reflexión que invita a crecer a medida que nos reconstruimos, se fue con Cicatrices, dejando ecos de los aplausos que lo felicitaron.

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Anocheciendo en el Patio

Tras una segunda previa del taller Candombe del Litoral, Urutaú comenzó tanteando el ambiente con la batería y el bajo sin desperdicio de Julián Garello, de manera que fue inevitable no mover la cabeza. “Esto es Urutaú, una banda fusión con la misión de transmitir un mensaje” dijo el cantante Gonzalo Benitez y sin dar tiempo a los aplausos dieron pie a la primera canción, dejando eufóricos los corazones de la primera fila, que movían los brazos y gritaban cada rima. Al ser una banda de rap fusión, no podía faltar la improvisación. De manera que invitaron al público a levantar objetos para improvisar en base a ellos, desprendiendo emoción y risas al ritmo del baterista Mauro Fernandez. Luego del free se sumó Daniel Sebastián en la guitarra, bajando entonces el bajista, ya que por las medidas de seguridad sólo se permitían tres personas en el escenario. Para ese entonces la noche asomaba y las luces se prendían, había movimiento en las cantinas y tanto comidas como bebidas circulando por las mesas.

Fotografía Fabricio Gimenez.

“El siguiente tema está dedicado a todos los que han tomado conciencia y están dejando de a poquito de consumir esas letras y músicas comercial que nos pudren el cerebro. Cada vez que escucho esos temas, Tiro la Cadena”. Así presentaban una crítica social dirigida a los grandes de la industria musical con claras referencias a artistas del escenario rapero que comenzaron en batallas para luego dedicarse a sus discografías de la mano de conocidas productoras. Con habilidad cambiaron el ritmo y se adentraron en la imaginación literaria de un escritor con Invitame a tu Mundo, para luego pasar a la sombría Desierto, canción construida en base a sofisticados acordes, que oscurecieron la voz del cantante cuando gritaba sufrido.

“Lo más importante de nuestra perspectiva artística es que se pueda
entender el mensaje, y poder conmover. Porque conmover es mover cosas por
dentro. Si el arte pasa por nuestras vidas y no nos cambia nada, si no cambia
nuestra perspectiva de cómo vemos el mundo… ¿De qué sirve?”
Gonzalo Benitez

En todas sus canciones se advertía una notable profundidad significativa. Cada rima tenía un sentido, ninguna palabra tenía desperdicio. Era clara además su popularidad dentro de la audiencia, ya que saltaban y cantaban a gritos de principio a fin, sin dejar escapara ni una sóla línea. Desbordaron mucha interacción con buenas respuestas, y sobre todo muchas ganas de dejarlo todo en el escenario.

Fotografía Fabricio Gimenez.

Luego de tocar Soldado, fue inevitable que toquen un tema más, por lo que cerraron con el reggae rap No Soy Sólo un Cuerpo, una invitación a recordar y valorar el interior que nos define. La inesperada contribución de un miembro del público al finalizar la canción hizo que el rap se volviera más espontáneo e impactante, provocando un gran aplauso que se prolongó hasta que ya no estuvieron en la escena.

Esta vez Irú Samba fue el encargado de cortar el silencio mientras se esperaba por la última artista. El taller del Patio Cultural estaba compuesto por muchas caras nuevas, según afirmaba el coordinador, todas caras entusiasmadas y listas para celebrar. Presentaron un espectáculo de tambores que levantó a muchxs de sus asientos para bailar al ritmo de sus pasos, golpes y gritos de festejo. Así continuó la jornada entre danzas y charlas, hasta que llegaron las nueve y fue el turno de Clari Radke.

Cantante, compositora, contrabajista y domadora de otros instrumentos, Clari cambió el ambiente de cuajo con su primera pieza. Un violonchelo siniestro, profundo y emotivo dejó a la audiencia atenta a cada cambio, a cada nota, expectantes a la espera del momento en que los aplausos puedan felicitarla. Aquella atención sería una escena que se repetiría durante todo su show, y es que la artista no dejaba de sorprender con cambios, demostrando todas sus matices, en ocasiones con los ojos bien cerrados. Eros convenció la pasión del público cuando tocó Eleonora, con aquella voz aguda y vigorosa, para luego inundar con calidez al cantar a Lilit, su gata, mostrando una nueva forma de apreciar la sonata 1 de su preludio.

Fotografía Fabricio Gimenez.

Demostró sus muchas facetas con invitados de distintas ramas, primero con Diego Blanco para tocar dos temas agitados con guitarra y ritmo digital, uno de cada uno. Luego Agustín Gómez Rivero en la percusión, y acompañados de palmas cambiaron el ritmo a un reggae. El mismo estaba dedicado a la hermana de la artista, por lo que el hecho de que toda su familia estuviera en primera fila viéndola tocar resultó aún más enternecedor.

Sus muchas influencias artísticas desbordaron el escenario cada vez que comenzaba una canción. Con referentes inspiracionales como las novelas de Edgar Allan Poe, Radke transcurrió su momento bajo el reflector con temple impredecible, ya que la audiencia en ningún momento sabía que iba a hacer después. Tal es así que decidió mostrar otra de sus diversas habilidades tocando un solo de bajo de Jaco Pastorius acompañado por la conga de Agustín, ambos compañeros de su banda Mango Dub, para luego apuntar a una dirección opuesta con una canción en portugués que fue recibida con mucha emoción por parte del público.

Como si de una caja de Pandora se tratase, Clari Radke invitó a Alba para rapear juntas en base a una pista de Sloth Brite, finalizando su show con una cumbia interpretada con violonchelo, guitarra y tumbadora. Sin dudas una artista imposible de prever, dinámica y alegre, que cerró con broche de oro la noche y contagió mucha buena onda a su público.

Fotografía Fabricio Gimenez.

Luego de los aplausos y las despedidas, la noche continuó en el Patio Cultural, acompañada como siempre de buena música y buena comida, sólo que esta vez también con la dulce sensación de saber que esta no va a ser la única fiesta, y que por fin, después de tanto, se vienen muchas más.

Falta

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