Fluir sin un fin más que fluir, sin un fin más que fluir

Por: Julieta Acosta de FUEGA

Imaginate el sándwich más rico del mundo: el más piola, ese que te hacés con muchas ganas, con todas las cosas más ricas que encontrás en la heladera. Imaginate su olor. Su textura, su sabor. Todos sus sabores.

Ok, ahora imaginate haberlo comido toda tu vida sin mayonesa. O sin mostaza, si ese es tu aderezo preferido. O que alguien te recomendó que pruebes la mayoliva, y que cada tanto, cada tanto te gusta ponerle kétchup, o alguna cosa piola excéntrica de esas que son figurita difícil.

Un lubricante es un complemento para el acto sexual, pero muchas veces también una necesidad. El sexo es bastante más amplio que una penetración pija-concha, pero el único órgano sexual que se lubrica naturalmente es la vagina, y esto no siempre es así. Y aunque así lo fuera: ¿cuánta mayonesa es demasiada mayonesa? Si de lubricante se trata: toda la que queramos y necesitemos.

Un lubri es un complemento del acto sexual, se utiliza para facilitar y favorecer el placer, pero también para evitar la fricción, porque estamos hablando de las zonas más sensibles de nuestros cuerpos, estamos hablando de piel. Si usamos cremas hidratantes, si nos cuidamos el pelo (spoiler alert: el pelo también es un tipo de piel), la barba, las uñas, ¿qué está pasando que no se nos ocurre cuidar nuestros genitales?

El uso de lubricante, en el imaginario popular, está relegado comúnmente al sexo anal y a la sequedad vaginal. Eso parecería ser todo. De hecho, en pensar la sequedad vaginal, lo que generalmente se está pensando es en una mujer que envejeció, “que ya no es lo que era”, que no puede lubricarse por sí misma, como si no pudiese existir una vida sexual (ni un placer, ni un deseo) por fuera de la juventud, y también como si el lubricante tuviese que cumplir simplemente el rol de solucionar un problema y no pudiésemos imaginar que incorporarlo pudiese enseñarnos algo nuevo sobre nuestro deseo. O como si, también, la edad fuese el único factor que influye en nuestra lubricación natural como mujeres, cuando hay un montón que lo hacen. Como si, también, todo lo que tuviese que ver con envejecer fuese malo (y por ello hay que discriminarlo). Como si no pudiéramos entender que va a haber momentos de nuestras vidas en los que nos lubricaremos menos que otros, ya sea por cuestiones hormonales, psicológicas, emocionales, entre un montón. Como si eso no dependiera, tampoco, si tenemos una pareja sexual, de cómo colabora (o no) con nuestro deseo. Como si no pudiéramos querer, sin importar el género, simplemente lubricarnos más o diferente. En fin: seguir haciendo el sándwich todas las veces de la misma manera y con los mismos ingredientes.

En algunas personas es casi un tabú pensar en la idea de lubricante, como sigue siendo un tabú replantearse el deseo. Y esto es gracioso, porque parecería, también, un mandato de la sociedad en la que vivimos “que tenemos que fluir”. Pero a veces sin lubricación la cosa no fluye, o no fluye correctamente, o deseadamente, o fluye mucho menos de lo que podría, o mucho menos de lo que conocemos que podría, y definitivamente hay muchas maneras de las que no sabemos que podría fluir, porque tal vez no sabemos o no podemos salir de la zona de confort. Y de esto también se trata el tabú que ata (y no de una manera divertida) un poco nuestra vida sexual, todo eso que no podemos permitirnos porque a veces ni se nos cruza por la cabeza. O se nos cruza, pero todavía no nos animamos, y es válido pensar en darnos el tiempo para hacerlo.

Pero si vamos a hablar de lubris, deberíamos descartar primero, aquellas cosas que no lo son: porque no están diseñadas ni craneadas para eso y pueden dañar nuestros cuerpos o nuestra salud. Y porque, definitivamente, lo que podemos lograr con ellas es bastante inferior a un buen lubricante. Entonces si le andás poniendo aceite de cocina al sandwich y ya cumple su función, posta, esperá a ver lo que hace por vos una mayonesa piola.
La vaselina no es lubricante, si bien muchas personas creen que sí y también los primeros intentos de crear un lubricante sexual, a fines del siglo XIX la hayan incluído en sus ingredientes. Es un derivado del petróleo, es violento con el cuerpo, incompatible con el uso de forro y, para peor, causa infecciones vaginales.

Al contrario de lo que piensa mucha gente: el agua no es lubricante. Se seca, se absorbe, y termina generando más fricción. Si vamos a tener relaciones en el agua, por favor, usemos lubricante.

En la misma línea, la saliva tampoco es lubricante. Parece que se cree que el utilizarla mata gérmenes (???) que pueda haber en nuestros genitales, cuando más bien, todo lo contrario, la saliva está llena de ellos, y además es en gran porcentaje agua.

Cualquier tipo de aceite culinario tampoco es lubricante, y esto incluye al aceite de coco. ¿Huele divino y etcétera? Sí, pero ni siquiera está bueno para usarlo directamente sobre la piel, sino que a las bondades del mismo las aprovechamos en productos especialmente creados para una función específica, como una crema, por ejemplo. La textura de los aceites culinarios afectan el látex de los preservativos (también puede afectar el poli isopreno, que es con lo que están hechos los forros que no son de látex, por ejemplo los Skin), sus ingredientes pueden generar lesiones en la piel.

¿Las cremas? Están pensadas para hidratar, sí, y justamente por eso se absorben. Ni hablar de que, de nuevo, desconocemos cómo pueden interactuar determinados químicos con el látex de los preservativos, pero mucho menos con nuestros cuerpos. Pasa lo mismo con el shampoo o con el acondicionador. Pasa también cuando se improvisa de esta manera para la masturbación, y en este sentido me veo en la obligación de tener que decir que nuestras pajas deberían ser tanto o más importantes que el encuentro con un otrx. Así que si estás dudando en comprarte ese lubri para pasarla un poco mejor solx, o también, para experimentar algo distinto o nuevo, hacelo, porque en esta columna se valora, ante todo, el autoamor. Porque después, también, si tenés ganas, lo que sea que descubras es algo que podés compartir, así sea comunicar que esa experiencia no te gustó, no te cerró del todo, o que no es para vos.

Los únicos lubricantes que son amables con el cuerpo, aptos para usar con preservativos y que pueden utilizarse de todas las formas que se nos puedan ocurrir (incluso de esas en las que aún no se nos ocurrieron) son de base acuosa. El componente principal es agua, y a esto podemos verlo en la etiqueta. ¿Existen lubris que vienen sin una lista de ingredientes? Sí, y son un peligro.

Lo ideal es buscar aquellos que sean hipoalergénicos, también vienen SIN TACC (aptos para celíacxs) y existen los que son comestibles, entre los cuales algunos vienen sin azúcar, y son aptos para diabéticxs. ¿Azúcar y vulvas? Asuntos separados. La realidad es que los productos seguros y aprobados por el ANMAT no van a hacernos ningún tipo de daño si los comemos, al menos si estamos hablando de lubris, pero la particularidad de los comestibles es que tienen un rico sabor, que no es lo mismo que un aromatizante, que es simplemente la ilusión de un sabor.
Dentro de los lubricantes al agua, por suerte hoy en el mercado los hay con muchos componentes derivados de los vegetales (y no del petróleo) bastante piolas que estiran su duración, que emulan los efectos de estar jugando con aceites, por ejemplo, y esto nos evita tener que estar colocándonos de nuevo todo el tiempo, que puede ser un poco molesto.

Existen también lubricantes a base de aceite, que son buscados por su textura y vida útil durante el acto, porque se sienten “más pesados” y son más duraderos, pero se desaconseja completamente usarlos en sexo vaginal y tampoco son compatibles con el uso de forro. Y manchan todo. Todo.

Los hay con base de silicona, que principalmente están diseñados para el sexo anal y para tener sexo bajo el agua, son mucho más viscosos y resbaladizos, pero muy difíciles de limpiar del cuerpo y las superficies, así como también pueden dañar nuestros juguetes.

Existe un mercado super amplio de lubris, porque más allá de la función que estemos buscando que cumplan (tener sexo penetrativo vaginal o anal, tener sexo masturbatorio, tener sexo oral, usarlos con algún juguete específico), pueden tener un montón de efectos, y también los hay muy versátiles, que pueden cumplir más de una función – sino varias a la vez.

El efecto “frío”, que se logra con mentol, o el efecto “calor”, que puede lograrse con L-Arginina (un vasodilatador que aumenta la sensibilidad del clítoris, que, como ya sabemos, no solo abarca su cara externa, visible, sino que el órgano es bastante más grande y recubre internamente todo el canal vaginal y alrededores; y nunca está de más recordar que su única función es la de darnos placer), u otros activos.

Hay lubricantes anales que contienen extractos de jojoba, por ejemplo, y que favorecen la relajación muscular, versus los ya prohibidos por el ANMAT que tengan cualquier tipo de anestésico local, porque el dolor, o cualquier mínima molestia, esta ahí para avisarnos que podemos lastimarnos. También los hay con efecto “frío” o “calor”, que son sensaciones completamente novedosas, al menos en este mercado.

Con respecto a estos anestésicos hay que destacar que también son un bajón porque no sólo atentan contra nuestros cuerpos, sino que además adormecen la sensación de placer. A pesar de estar prohibidos en los lubris (y comercializarse igual en algunos flojos de papeles, sobretodo esos sin etiquetas de ingredientes que se venden para sexo anal), están presentes en los preservativos con “retardante”, y en el caso del sexo penetrativo pueden demorar una eyaculación, sí, estirar la duración del garche, pero lo que definitivamente va a pasar es que la persona que está siendo penetrada va a sentir menos.

Volviendo a lugares más felices, hay lubricantes para masturbarse, específicos para vulvas, que además contienen extractos de jambú y cuyo efecto es “electrizante”, porque provoca unas leves pulsaciones muy placenteras.
Hay lubris astringentes, que colaboran con nuestro canal vaginal, que contienen ácido hialurónico -ayudando muchísimo a la piel del canal y hasta “rejuveneciéndolo”- y componentes como la Hammamelis Virginiana, que combinados lo que hacen es estrechar las paredes de la vagina y ayudar a recuperar a sensación de la pérdida de tensión, mejorando también la elasticidad. Aumenta la resistencia de la piel, y si necesitamos darle un uso terapéutico, este tipo de lubri colabora a restaurar el soporte vaginal natural del cuerpo. Es decir que podría utilizarse solo, tanto para el acto sexual como para mimar y ayudar a nuestra vulva, como también con bolas chinas (esas que funcionan como pesas y colaboran con los ejercicios Kegel), en el caso de que estemos buscando tener un sexo “que se sienta más apretado”, tonificar los músculos de la vagina, o hayamos pasado recientemente por un parto (lxs médicxs y sexólogxs recomiendan un montón los ejercicios Kegel’s, con o sin bolas chinas, sobretodo después de haber tenido hijxs, se mejora muchísimo la experiencia sexual, mejoran nuestra salud y nos dan más placer).

Vienen lubris a base de agua con glicerinas naturales que son mucho más viscosos y sedosos, que cumplen la función de “aceite” (que no es aceite) para masajes y lubricante, así como también existe el “aceite” comestible pensado exclusivamente para el sexo oral, u otros que cumplen las tres funciones y vienen en bocha de sabores.
Hay lubris masculinos que vienen con vigorizantes naturales como la Arginina y la Carnitina, que colaboran con la firmeza y la erección -me parecen mucho más piola que tomarse una pasti, sobretodo sin una consulta previa a unx médicx-. La Carnitina también es un vasodilatador, potencia y prolonga la duración de los orgasmos.
El mercado de lubris es sumamente amplio e invita a explorar y a explorarse, porque pueden hacer un montón por nosotrxs. Todxs los cuerpos son diferentes y como tales las experiencias podemos tener, así también con lxs compañerxs que tengamos si decidimos compartir nuestra sexualidad. Creo que es cuestión, también, de re-apropiarse del placer y del deseo, porque ante todo, nos pertenecen.

Y por último: no nos olvidemos de que existen sexos no penetrativos, de que existen sexos no heterosexuales, de que existe vida por fuera de la cisnorma, de que existen cosas por fuera de la caja. No nos olvidemos de la mayonesa, pero por favor, nunca usemos mayonesa.

#LECHE es ilustrada por nicoculebras

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