La tibia racionalidad

Por Exe Arrúa

Para algunos temas parecería que primero debemos empezar diciendo quiénes somos o qué pensamos para que el otro no nos encasille en la reducida división de sus ideas. Pero aunque comience argumentando quién soy, seguramente pensarán de mí lo que ellos creen o les conviene creer. En temas políticos nuestro país funciona así, estás a favor o en contra, el medio no existe.
Para muchos estar en el medio es ser tibio, estoy convencido de que nos tenemos que jugar por nuestros ideales y saber dónde estamos yendo. Sin embargo, a veces estar en el medio nos facilita la racionalidad que parece estar ausente en los extremos.

La política es un tema complejo, bastardeado y utilizado por todos para correr detrás de intereses. Está bien que tengamos una idea que nos moviliza, pero la mayoría de las veces nos olvidamos que nuestra idea está rodeada de otras tantas que podrían mejorarla. La política argentina carece de seriedad pero insistimos en otorgarle respeto.

Hablar de política en estos tiempos es socavar la herida de una sociedad devastada por las múltiples interpretaciones, diferir de los partidos de cabecera pareciera ser un acto terrorista y como en tantos otros temas, tenés que terminar debatiendo el color del cielo a capa y espada.
Vivir en los extremos de las versiones nos reduce el campo interpretativo dejándonos ver solamente a los predicadores de nuestras ideas y expulsando a cualquiera que difiera moral y políticamente de nosotros.
Algunas verdades se volvieron recursos discursivos que son utilizados para encasillarnos en estereotipos sociales. Las creencias actúan sobre nuestras decisiones y nos convencemos sin razón de que cambiar de parecer es un error.

Estamos nuevamente en la puerta de una elección, a punto de decidir nuestros próximos cuatro años. Otra vez los argumentos se ven reducidos a banalidades y discursos de cartón. Por un lado los que están no paran de equivocarse pero creen que pidiendo perdón todo se soluciona, mientras tanto el ciudadano de a pie sigue recortando sus gastos para llegar a fin de mes. Del otro lado la propuesta es un libro que no necesariamente aporta soluciones futuras, una convocatoria casi futbolística que tiene como objetivo pedir la vuelta del técnico anterior. No nos olvidemos que Carlos Bianchi volvió a Boca siendo el virrey y nunca pudo volver a ganar la libertadores.

Si la política fuera un matrimonio evidentemente elegimos mal, nuestra pareja de momento solo nos hizo retroceder en el tiempo sin ningún objetivo claro de progreso. Sin embargo no creo que la única solución que tengamos sea volver con nuestro ex. Porque si ya no estamos juntos es porque algo pasó, algo se rompió.

Culturalmente no sabemos diferenciar ideas de personas. Lo que nos sucede no da para más, pero lo que nos salvará serán las ideas, no necesariamente las personas. No tengo, aunque quisiera, ninguna expectativa de cambio porque siempre estamos eligiendo recursos de un mismo charco donde solo conviven A y B. Todavía no escuché a nadie diciendo cómo saldremos adelante.

No sé si hay un malo y un bueno, eso es subjetivo. Lo importante es que nuevamente estamos en terapia intensiva y los políticos en vez de priorizar nuestras vidas siguen debatiendo quién se queda con la clínica.

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