Pollos del Trópico a la gorra

La casa de la vera pizza napoletana tuvo doble función a la gorra. The pollos y Ruidos del Trópico hicieron sonar las paredes.

Entre visuales y murales, el power trío The pollos y el movimiento de experimentación Ruidos del trópico hacen vibrar las paredes de Lo de mari. Desde los paisajes sonoros con “artefactos productores de sonidos”, como los presenta Nicolas Ojeda, a las canciones de Tito Velozo, frontman del trío, la casa de la vera pizza napoletana se inunda de sonidos y colores.

Un proyector dispara visuales de un carpincho en repetición, una planta con cables que suena como simón dice, las paredes desbordan de noises y sus murales de artistas locales cobran vida; así empieza Ruidos del trópico. La sala no tarda en llenarse, algunos sentados en el piso y algunos otros miramos desde la habitación de al lado a través de una ventana, como un portal que se abre hacia el ruidoso trópico.

“La emergencia hídrica que está sufriendo la provincia del chaco”, dice un parlante con la voz de Peppo repetidas veces, mientras que de la pared brota una hoja empapada y un grillo robótico retumba en las paredes; paredes que alguna vez supieron ser un taller de costura de la abuela de los hermanos Benítez. Peppo se pierde entre los ruidos ambientales, el motor se detiene y los aplausos matan el silencio antes que pueda escucharse.

Caños de pvc, cajas que emiten sonidos respondiendo a la luz (O Ataripunk, como lo bautizaron), una guitarra con motor y plantas con cables son los artefactos productores de sonidos que este movimiento de experimentación usa para armar paisajes sonoros. Entre selfies y abrazos, pasa una gorra que no tarda en llenarse, se repiten los abrazos y el trópico los recibe con reverencia. Luciano Zini, profesor de la carrera de Artes Combinadas y de los artistas, cuál padre orgulloso,  registra todo lo que puede mientras resalta: “ellos solos se gestionaron la fecha para presentar lo aprendido. Yo solo soy un espectador”. 

The pollos se hace esperar, el demorado era Guido Perucca (bajista) que se encontraba pintando en el ciclo Entre Guitarras y Pinceles en El Mariscal, y aunque llegó algo agitado y con sus dedos llenos de colores se calza el bajo y busca la mirada de sus pollos hermanos para empezar. Tito Velozo (guitarra y voz) pide disculpas por la tardanza mientras se acomoda la guitarra y, tras zapar un poco para probar y ajustar volúmenes, la sala comienza a vibrar con el trío.

“Un tema cortito. Dale cuando vos quieras”, le dice Tito, pollo líder, a su baterista, Emilio Zalazar, que no tarda en marcar 4 para que suene la canción que narra la historia del día que Tito le salvó la vida a un árbol. El power trío interpreta canciones propias de Tito, quien se arremanga y revisa la lista de canciones, Guido y Emilio toman una cerveza que llega desde el público, la gorra vuelve a pasar y se vuelve a llenar. 

Entre una pared que se vuelve la noche, con las visuales de Carpinchas, y murales que cobran vida, los colores inundan la sala y the pollos da el cierre, suena Lejos del pago, un crossover porá de chacarera y rock, Zeppelin con colores litoraleños que nos dice que perdimos el rumbo a casa; perdidos en el trópico.

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