Pasamos de una revolución tecnológica a otra, vimos a nuestros viejos usar maquinas de escribir para después cambiarlas por computadoras medio gigantes; un año jugábamos al tetris en ese aparatito de los 9999 juegos en 1 y al otro al Counter-Strike en algún ciber del barrio. Me pregunto a veces si toda esa transición nos hizo más receptores, más sensibles, más abiertos y nos trasformo en esos que se dieron cuenta.

En medio de todo ese cambio nos dimos cuenta de algo que nuestros viejos (la mayoría, como para no generalizar) dejaban pasar, que le restaban importancia porque como muchas veces me dijeron “no estas deprimida, estas aburrida”.

En una cena hace unos días con gente que no veía hace años, nos encontramos coincidiendo que en un punto paramos nuestras vidas, que avanzaban a lo loco, para hacernos cargo de algo que nunca estuvo en la lista de “que hacer para ser adulto“: salud emocional y mental. Alguien alzando un vaso de birra dijo “Somos la generación que se dio cuenta!

No sólo nos dimos cuenta, rompimos tabúes y nos hicimos cargo, tomamos lo que habían hecho con nosotros (no necesito ser licenciada en el comportamiento humano para saber que si, chicos, la mayoría de la culpa es de nuestros padres) y comenzamos a tomar decisiones propias, comenzamos a sanar algunas cosas y elegir qué mierda hacer con el resto.

Igual, ellos no podían hacer nada” dijo alguien en algún momento. Un poco si, otro poco no. Pero ¿qué bien nos haría culparlos hoy de eso? Ninguno. “Lo que aprendí yo fue que no puedo y no quiero culparlos para siempre” dijo alguien más levantando una mano, haciendo señas para otra birra. Por más que sea fácil, por más que sea real, por mas que tengan toda la culpa, los únicos que no avanzamos somos nosotros.

Es complicado darte cuenta que las personas que te tienen que querer bien, las que tienen la responsabilidad de hacerlo, lo hacen mal. Pero te das cuenta que son personas que le erraron y no se dieron cuenta. Aceptas eso y pasas a pertenecerte a vos mismo.

Somos lo que somos en el momento que nos dimos cuenta, en ese momento somos nuestros y somos nuestra propia responsabilidad. Entonces, está en nosotros decidir qué hacemos. Nos dimos cuenta y no interesa cuando, si a los 20 o a los 30 o 50, ese conocimiento no va a dejarnos nunca y la única salida es tomar una decisión. Donde sólo tenemos 2 opciones, hacemos algo o seguimos así.

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