Costo de oportunidad – Calidad vs. Cantidad

¿Elegir es renunciar? Parecería que si ponemos el foco en la “cantidad” de nuestros encuentros sexuales, automáticamente estamos tirando por la borda la “calidad” de los mismos. Como si en el sexo se aplicara lo que pasa en el resto de los ámbitos de nuestras vidas: una decisión pesa más que la otra, siempre.

El concepto de “costo de oportunidad” en economía (o “costo alternativo”) nos habla de eso que dejamos de lado en el momento de tomar una elección. Una opción que no estamos considerando NOS CUESTA, de repente, eso que no estamos haciendo, y “ganamos”, si se quiere, la que sí tomamos.
Para esta columna decidí indagar, también, acerca de qué son esas cosas que consideramos “calidad” o “cantidad”, porque las considero construcciones subjetivas, y tanto a lo largo de la investigación para armar la columna como en la charla que mantuvimos al aire, surgieron respuestas variadas y de lo más enriquecedoras.

Tanto en instagram como en twitter, participando aproximadamente 20 y 10 personas en cada red, en un multiple choice, arrasó la “calidad”. Lo que me llevó a preguntarme, también, “¿a qué edad consideramos que descubrimos esa calidad?”, y lxs encuestadxs, en su mayoría, respondieron que luego de los 30.

Parecería que “cantidad” pueden ser: una variedad de compañerxs sexuales, y por consiguiente, encuentros con ellxs, muchos encuentros sexuales con unx mismo compañerx pero de corta duración (o donde tal vez la calidad tanto no importe o no prime, porque no es posible, debido a las obligaciones diarias o la rutina dedicarle al sexo el tiempo que nos gustaría, o simplemente porque no nos encontramos lo suficientemente motivadxs, pero por alguna razón, aunque esta sea calentura, elegimos que estos encuentros se den seguido), y también surgió el planteo de que, “si intento la suficiente cantidad de veces con una misma persona que me gusta, por más de que no siempre los encuentros sean satisfactorios, alguna vez lo serán”, casi apelando a la estadística, o también, a algo re contra válido que es conocerse con lx otrx.

Es un poco más difícil definir la “calidad”, porque a veces simplemente se resume (palabra mal puesta) en “pasarla bien”, en “obtener orgasmos más intensos”, o en que “el encuentro sea más significativo física o emocionalmente”, “la persona con quien tengo calidad es una que me importa, o por esta cualidad empieza a importarme”, mientras que también puede considerarse un buen encuentro (o “de calidad”) uno que tuvo juegos previos durante un rato largo.

Chusmeando entrevistas, y también haciéndolas, también para tratar de entender si hay géneros que prefieren una cosa sobre otra, o si hay edades que le dan más importancia a la cantidad o a la calidad (porque pudimos admitir, algunxs de nosotrxs, también, que probablemente hace diez años nuestra respuesta más honesta hubiese sido la “cantidad”) noté que hay varones que aún a sus 30 pueden contestar “pienso todo el tiempo en sexo, prefiero la cantidad”, o que hay mujeres de 40 que responden “prefiero la cantidad porque tengo que cumplir con mis obligaciones matrimoniales, y esto no tiene que ver con algo religioso, sino con que si mi pareja no satisface sus necesidades en mi casa indefectiblemente va a buscar con quien hacerlo fuera de ella” abrió un abanico de preguntas completamente nuevo, y no tanto: porque volvió a surgir el “sentirse obligadx” a tener una relación sexual, tal vez de una manera más sutil, no tan explícita, una suerte de auto-obligación.

Hay varones cis de 40 que han contestado que hubo momentos en los que sintieron de alguna manera que su falta de deseo no estaba siendo tomada en cuenta, porque estando en relaciones monógamas con mujeres, se daba algo completamente inverso a lo que lamentablemente nos acostumbramos a escuchar (que son los varones quienes de alguna manera tratan de convencernos de tener sexo, o ni eso, nos coercionan): ya sea porque la líbido de sus parejas mujeres se encontraba más alta, porque “qué vas a hacer si estás durmiendo en la misma cama, viviendo en la misma casa, no te queda otra”, o “generalmente siento que me rechaza y cuando me busca para tener relaciones no tengo tiempo de pensar si es lo que quiero en este momento”, siendo, obviamente, todas las razones para no sentirlo completamente válidas.

Se espera ¿socialmente? ¿culturalmente? ¿en el círculo de amigxs? ¿de varones? que en lo sexual haya siempre una sincronía si se trata de las parejas, y que para el sexo estemos, de alguna manera, siempre listxs. Hay una presión social de la que no siempre hablamos siendo que nos la pasamos hablando de consentimiento, y de expreso consentimiento, y de que tal como en el amor, no podemos dar nada por sentado ni que por haber dicho una vez “te quiero”, “te aprecio”, “te amo”, o “sí, quiero ser tu novix”, o “sí, quiero tener sexo con vos” eso mismo va a ser una permanente, incluso a lo largo del mismo acto sexual.

Nos quejamos muchísimo de eso que se espera de las mujeres que, tuvimos la capacidad de querernos un poco más, querer nuestros cuerpos, que usar determinada ropa con la que simplemente nos sentimos bien tenga que significar que queremos coger o salimos “de levante”, pero confirmamos que pasa en un montón de ámbitos, porque: “si empezamos una suerte de ritual de levante, ¿cómo no lo vamos a continuar?”, ¿qué hay detrás de toda esta presión social invisible, pero muy presente, incluso en plena deconstrucción, que por momentos nos hace sentir horribles?

La vemos todo el tiempo en hilos de twitter, en screenshots: “qué virgo que es ese varón que tiró la piedra y escondió la mano respondiendo una story de instagram porque no hizo una invitación a salir, o no siguió respondiendo”, “qué vueltero que es ese que en grindr o manhunt saca charla en vez de ir a los bifes”, “qué mal que está (o qué bien) esa primera cita en la que solo se combina para tomar un café, porque… ¡qué horror estar horas charlando con alguien, mirándote a la cara, cuando podrías… COGER!”

¿Cuál es el costo de oportunidad a nivel social de todos estos piedrazos que no nos cansamos de tirar en redes? Ni siquiera tenemos una opinión formada de por qué las tiramos, pero creo que las redes un poco están para eso, para opinar, y tal vez desde el anonimato.

Leí un montón de veces, justamente en twitter, que muchas personas se ríen de que “una cita de lesbianas” comúnmente se basa en pasar tres días juntas en una casa, tal vez también afuera, haciendo cosas “normales”, que tal vez no tengan que ver con todo el tiempo tener sexo, mientras los heterosexuales hacen cosas más light, más “palo y a la bolsa”, mientras los varones gays a veces hasta se festejan mutuamente tener citas muy express, que tal vez no duren ni una hora. Y tal vez eso ni siquiera sea una cita, y no le digan “cita” tampoco (que en la repartija de palabras, le tocó la peor, realmente, más allá de que es un concepto bien, bien yankee).

¿Algo de todo esto está bien? ¿Algo de todo esto está mal? Simplemente son maneras. De lo que sí, al menos en mi generación, nos quejamos muchísimo, es de que “nadie nos quiere”. Que andamos por la vida sin poder encontrar “lo auténtico”, “lo verdadero”, las miguitas que nos quedaron de una idea del amor post-ideario Disney, que es con el que crecimos, y el que se nos rompió.

¿Estamos haciendo algo para cambiar el paradigma de una vinculación totalmente vacía?

¿Estamos siendo consecuentes con “todo eso” que al mundo le pedimos? Como si fuese una lista de super, le pedimos al amor, “a la persona ideal”, que cumpla con una serie de requisitos, entre ellos que nos de “algo auténtico”, y tal vez mientras eso no pase, todo lo demás es zapping: zapping en tinder, zapping en okcupid, zapping en instagram, en todas las redes, zapping en la cama. El zapping que hacíamos en la tele y en el videoclub.

¿Podemos tener cantidad y podemos tener calidad? Obviamente sí. Porque elegir no siempre es renunciar, y hay un montón de maneras de vincularse, tan válidas como formas y personas existen. Puede ser que el tiempo sea dinero y no nos quede un montón disponible para “vivir” cuando terminamos de trabajar, pero tener sexo es re-contra vivir también.

#LECHE? jueves de por medio en SIN APORTES
Ilustrada por @nicoculebras & escrita por Julieta Acosta de FUEGA

 

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